Antes de que el açaí se convierta en pulpa, alimento, exportación o símbolo amazónico, atraviesa una etapa menos visible: la cosecha. En muchas áreas ribereñas y extractivistas, esa etapa depende de la peconha, un utensilio tradicional asociado al trabajo de quienes recolectan el fruto de la palmera. Este texto describe esa práctica como contexto cultural, productivo y ocupacional. No es una guía de uso, no enseña técnica de ascenso y no reemplaza ninguna formación profesional o comunitaria.
En la cadena tradicional del açaí, la peconha se entiende como un lazo de fibra vegetal usado en el contexto de la cosecha en palmeras altas. Esta definición general basta para situar al lector. Los detalles de preparación, ajuste, postura corporal, atado o ejecución quedan deliberadamente fuera del texto, porque convertirían una explicación editorial en una instrucción práctica. El punto central aquí no es cómo usar la peconha, sino lo que su presencia revela sobre el trabajo que sostiene una parte importante de la economía del açaí.
La técnica existe porque la palmera de açaí nativa crece en ambientes de várzea y puede concentrar sus racimos a gran altura, lejos del alcance directo de quien está en el suelo. A lo largo de generaciones, las comunidades ribereñas desarrollaron formas propias de lidiar con ese entorno, combinando conocimiento local, experiencia corporal y adaptación a los ciclos del bosque y de los ríos. La peconha forma parte de ese repertorio. No es un detalle folclórico: es un elemento de un oficio aprendido en contexto comunitario, dentro de una relación cotidiana con el territorio. Otro artículo de este Atlas describe, con más detalle, cómo se cultiva y se cosecha el açaí.
Este carácter generacional aparece en reportajes periodísticos recientes. CNN Brasil, en un reportaje sobre comunidades ribereñas de Belém, presentó el caso de Raimundo, habitante de la Ilha do Cumbu, quien a los 68 años acumulaba 58 años de experiencia en la cosecha del açaí. El ejemplo no debe leerse como una regla universal para todos los recolectores o regiones, pero ayuda a mostrar que la práctica no es una improvisación turística ni una escena aislada: está ligada a familias, alimentación, ingresos y memoria de trabajo.
La escala económica también ayuda a entender por qué el tema importa. Según un reportaje del Tribunal Regional del Trabajo de la 8ª Región (Pará y Amapá), basado en un diagnóstico del Instituto Peabiru y de Fundacentro, la actividad involucra a más de 120.000 familias, con Pará y Amapá representando más del 80% de la producción brasileña en el contexto citado. El mismo diagnóstico estimó que, en un día pico de cosecha, puede haber más de 1 millón de ascensos a palmeras de açaí. Estas cifras están ligadas a un estudio específico y no deben tratarse como una estadística universal permanente, pero dejan claro que la cosecha tradicional no es una actividad periférica.
Un reportaje de Repórter Brasil, publicado en 2024, refuerza esta lectura desde otro ángulo. El texto muestra que la expansión del mercado del açaí, incluso fuera de Brasil, aumentó la presión sobre quienes están en la punta de la cadena. La producción brasileña alcanzó 1,7 millones de toneladas en 2022 y generó un valor superior a R$ 6.100 millones (reales brasileños), con un crecimiento significativo desde 2018. En Codajás, en el estado de Amazonas, el reportaje describe un polo de producción con miles de recolectores. El dato económico es importante porque impide una visión simplista: el fruto circula en mercados amplios, pero su primera etapa aún depende de trabajo local, físico y arriesgado. Otro artículo de este Atlas profundiza en el mercado y la oferta del açaí.
Es en este punto donde la seguridad debe entrar en el texto con sobriedad. El diagnóstico citado por el TRT8 analizó una localidad típica de recolección en el río Canaticu, en Curralinho, en la región de Marajó, entre 2015 y 2016. Entre los entrevistados, el 89% dijo que alguien de la familia o un aparcero ya había sufrido un accidente de trabajo en el açaizal; en el 54% de los casos relatados, hubo hospitalización; y el 62% requirió ausentarse o interrumpir la actividad por un tiempo. Estos datos no autorizan generalizaciones para toda la Amazonía actual, pero documentan un riesgo real y relevante.
La preocupación sigue vigente. Repórter Brasil entrevistó a trabajadores, especialistas y autoridades sobre accidentes, lesiones e intensificación de la cosecha. El reportaje cita a la fiscal del trabajo Gabriela Menezes Zacareli al vincular la popularización mundial del açaí con una mayor presión sobre las comunidades tradicionales y con el agravamiento del riesgo de accidentes y secuelas. Nuevamente, el objetivo aquí no es dramatizar la cosecha, sino reconocer que existe una cuestión ocupacional concreta detrás de un producto cada vez más valorado.
Esta lectura también aparece en la literatura académica. Silva y Ferreira, en un artículo de 2020 sobre el trabajo del peconheiro en la región amazónica, analizan la actividad desde el concepto de trabajo decente. El resumen del artículo sostiene que el peconheiro vive una situación de riesgo, con violación de derechos y garantías fundamentales, y que esta forma de trabajo no respeta el concepto de trabajo decente. Para Açaí Atlas, esta fuente ayuda a situar la peconha dentro de una discusión más amplia: no basta con celebrar la tradición sin ver las condiciones de trabajo.
Al mismo tiempo, reducir la peconha únicamente al riesgo también sería incompleto. Expresa conocimiento práctico, adaptación ambiental y continuidad cultural. El desafío editorial es mantener estos elementos juntos: tradición sin romantización, seguridad sin sensacionalismo, economía sin borrar a la persona que cosecha. La cadena del açaí comienza antes del procesamiento, antes de la marca y antes del consumo. Comienza con el trabajo de quien entra al açaizal y hace posible que el fruto circule.
Por eso, hablar de la peconha es hablar de una frontera delicada entre cultura, ingresos y protección. Para quienes están fuera de este universo, el papel más responsable no es intentar reproducir la práctica, sino comprenderla con respeto. La peconha pertenece a un oficio específico, aprendido dentro de las comunidades que lo practican. Lo que el lector puede llevarse de este texto es otra cosa: la conciencia de que cada bowl de açaí lleva una historia de conocimiento, esfuerzo y riesgo que merece ser vista con seriedad.


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